MARZO DEL 2020. EL MES EN QUE TODO DESAPARECIÓ EN UN PIM, PAM, PUM!
Nos despidieron a casi 1000 personas en un solo día, de una empresa multinacional, me tenía que mudar de casa porque la pareja con la que vivía estaba esperando un bebé y no podía volver a Argentina porque las fronteras estaban cerradas a cal y canto hasta vaya uno a saber cuando. Por ende me empecé a inquietar un poquito, pero siempre positiva (ponéle).
El 2020 fué uno de los años mas extraños e inciertos que viví, creo que para la mayoría, pero en mí caso fué todo demasiado junto y honestamente sentí que me estaba derrumbando.

El objetivo era volver a España en unos meses, escapar un poco del invierno y darle con todo a lo que me quedaba pendiente: nacionalidad, trabajo y vivienda. Ese sigue siendo el plan a la fecha.
Hoy a Buenos Aires, mi ciudad natal, la veo con ojos de turista. Es muy raro haber estado tantos años fuera y volver, parece mentira pero en 3 años las cosas cambian mucho mas de lo que pensamos.
Se siente lindo estar en casa, pero ya no es igual, yo no soy igual. No me enrosco con sus problemas políticos, económicos, sociales, de inseguridad, disfruto lo lindo como una nena en Disney. Al menos al principio porque Buenos Aires tiene la capacidad de drenarte con rapidez, no por nada le decimos "la ciudad de la furia". Venga amigo! y pruebe usted mismo.
Me encanta la cercanía de la gente, que te vengan a encarar en una mesa sentada sola, algo que habitualmente tacho de acoso, ahora me causa cierta gracia por más que se que no corresponde, pero me volví mas tolerante y amorosa con este "caos porteño" ya que es muy diferente a lo que vivo en Barcelona y sobre todo porque se que tiene fecha de caducidad.
Con esta ciudad que no duerme, con la cultura y el arte emergente que sale de las paredes, me parece una pena no poder quedarse y prosperar. Más viajo, más confirmo que Buenos Aires es una de las ciudades más increíbles del mundo, pero Argentina es a mi criterio invivible.
Ayer soñé con mi barrio de la infancia, donde viví hasta los 18 años. Villa Martelli, un barrio de vecinos trabajadores, donde nos conocemos todos, donde mis abuelos decidieron pasar hasta el último segundo de sus vidas. Soñé con lujo de detalles sus calles, su parada de colectivo (bus), mis amigas de ese entonces, comercios... Y siento que aunque cambiemos, crezcamos, nos mudemos, esos años viven con nosotros y son los que marcan nuestra raíz, realmente nos forman una base.
Todavía recuerdo el colegio secundario, lo que sentía y pensaba. Me di cuenta que la niñez y la adolescencia, son el cimiento de la mujer que soy ahora.
Tuve la suerte de viajar, de conocer hoteles hermosos, vivir experiencias extraordinarias pero la felicidad simple y auténtica que sentía al abrir los ojos, cruzar la calle y tocarle timbre a mi abuela o a mi mejor amiga que vivía justo enfrente no se compara con nada, es esa felicidad liviana pero duradera que solo te da lo simple y necesitaba ir a nutrirme un poco de esos recuerdos, aunque parezca una canción de Camilo y Evaluna.
¿Me estaré poniendo vieja nostálgica? naahhh que va! La vejez es un estado de la mente.
La inmensa alegría de volver a la tierra de uno y en el otro extremo la tristeza de ver que tus abuelos ya no están, que toda esa etapa terminó. Un poco lo que nos pasó a los Argentinos con la muerte de Maradona, tuvimos un duelo colectivo no de un jugador de fútbol solamente sino de un momento, de una etapa feliz entre tanta adversidad, algo que ya pasó y algo que no volveremos a vivir.
Por eso sí aún tenés a tus abuelos, a tus viejos, a tus amigos de siempre... abrazalos y sabé que ahí tenés la mayor de tus inversiones y tesoros. Cuando emigras, cuando te alejas, aprendes a darle valor a esas pequeñas cosas que antes, capaz, naturalizabas. Lo bueno de alejarse un poco es que uno gana en perspectiva.
Esta pandemia nos cambió, para bien y para mal. No seremos los mismos, aún busco encontrarle lo positivo y construir desde ese lado.
No dejo de lamentar las pérdidas humanas, es duro encontrar algo bueno cuando mucha gente perdió tanto. Tal vez, por ahora, más que yo. A todos ellos, mi mayor respeto y buenas energías.
Esto también pasará y volveremos a preocuparnos por esas tonterías que hoy nos parecen ridículas nos agobiaran tanto o tal vez no y aprendamos a agradecer más lo que sí tenemos.
Con amor
Gaby





























