junio 19, 2025

Nacionalidad concedida - El camino de Santiago es corto al lado de este trámite.

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 Estamos en 2025 ¿KHHEEE?


Decidí mantener este blog porque me parece una reliquia, entre tanta IA, automatización y tecnología. ¡Ojo! Yo me dedico a eso y soy súper fan del progreso, pero quiero seguir con mi humilde template HTML hecho en plena pandemia, en el verano del 2020.


¡Todo tan vertiginoso! ¿Sienten lo mismo? Literal, tengo cinco años más y un sobrino catalán. ¡Chan!

Tuve que volver a leerme a mí misma (con cierta vergüenza ajena), escuchar mi podcast, y pensé:
"Wooowww, me había ido muy arriba..."
Me faltaba el stream y ya estaba para competir con Luzu y Olga.

Estuve pensando si lo hacía por ego, por querer realmente compartir… y llegué a la conclusión de que era pura catarsis. Comunicar mi procesión migratoria fue mi cable a tierra.

Lo cierto es que, a mi regreso de Buenos Aires —después de dos años de haberme ido, sin pensar jamás que me quedaría a vivir en Europa— se sintió, por lo menos, lindo… pero extraño.



 Buenos Aires - Te amo -

Lo más llamativo era escuchar el tono, el acento argentino. Ahí noté que 24/7, los 365 días, hay un botón encendido en España que me recuerda: “Vos no sos de acá.”


Y fue liberador no tener que sostener el personaje de “la Argentina”. (Acá uno completa con lo que proyecta con la argentinidad… en mi caso, era la falta de humildad.) Me dijeron tantas veces el dicho "El negocio es comprar un argentino al precio que vale y venderlo al precio que dice que cuesta", que me entró la bala por ahí.

También el de que somos discriminatorios. Asumo que tenemos que laburar muchas cosas. Pero nadie me quita el orgullo de ser argentina. Cada día más.

Ni hablar después de ganar el Mundial —que lo vi entero, ¡todos los partidos!— sola en mi casa en Prosperitat, comentándolos con mis amigos por WhatsApp. Lloré con la victoria, con Lali cantando el himno. Me sentí parte.
Y eso es justamente lo que siento que no logro construir del otro lado del charco.

Estoy súper agradecida. Finalmente, logré, después de décadas de lucha, formar parte de mi linaje español. Era algo importante para mí.


¿Cómo podía ser que yo era la única NO ESPAÑOLA en la familia materna?


Había algo ahí que me constelaba mal. Tal vez quien no lo vivió no lo llega a comprender, pero había algo del formar parte de mi familia al 100% que yo necesitaba.
Será mi niña interna dolida, no tengo ni idea, pero me lo pedía el cuerpo.

Y hablando de cuerpo: el cuerpo habla y también pone límites

A la vuelta de Buenos Aires, además de esperar que me concedan la nacionalidad, tenía otra meta: vivir sola en Barcelona, como hacía en Buenos Aires. Aún recuerdo cuando me saqué esta foto, no sabía la que me esperaba, mi último día sin dolor.

24 horas antes al día D - Pulgar en alto.


Después de mucho batallar para encontrar un piso, elegir un barrio nuevo un poco a ciegas, Prosperitat (siempre había alquilado habitación y en zonas céntricas), súper agobiada por ver si me daba el presupuesto para alguna reforma, amoblarlo... volví a confirmar que si no paras por las buenas, paras por las malas.


El primer día —¡sí, el PRIMER DÍA!— en un arrebato de ansiedad, quise pintar una ventana de blanco. La lata, que ya estaba abierta, estaba un poco dura.
No tuve mejor idea (me acuerdo hasta hoy, 19 de junio de 2025, de ese abril de 2021) que hacer palanca con un cuchillo. Y salió mal. Muy mal.

Sin darme cuenta me corté el pulgar, la base de la mano. Pero muy profundo. Era una escena de la que Gore Verbinski estaría orgulloso de ver.



El arma homicida, el cuchillo de Ikea que corta cuando no querés.

Era Pascuas, había pocas ambulancias, y me había mudado a un semi-sótano con mala señal. Atiné a agarrar una toalla, romperla y hacerme un torniquete (¡gracias películas por esas escenas educativas!). Salí a la calle, dejé la puerta de casa abierta, llamé a un conocido y le dije: "¡Che, andá a casa porque dejo todo abierto! Me voy al hospital YA!"

Una locura total.


La ambulancia no encontraba la dirección, yo sentía que me iba a desmayar. De pronto veo una en la esquina y dije internamente: “¡Andá vos!” Junté fuerzas, el pulgar ya estaba violeta y no lo sentía. Me subieron a la ambulancia y me llevaron al hospital.


Ahí empieza el desastre médico. Me cosieron como quien se hace un corte sutil. Era plena pandemia, pero algo me decía que no coincidía el dolor, lo que veía, con lo que hicieron. Pero insistieron:

“No es nada. Andá a tu casa. Paracetamol.”

Me enyesaron. Ya la primera noche fue un martirio. No había forma de apoyar el brazo. Dolor punzante, quemazón, ardor, ¡todo junto! Fui a la guardia tres veces en un día. Hasta que un alma samaritana me recetó Tramadol. (Spoiler: tampoco funcionó demasiado.) 
También fue un calvario conseguir que me den la vacuna antitetánica, tuve que pagarla privada porque no había forma.



Así que tenía el piso vacío, sin gas para bañarme, un yeso… y tenía que buscar trabajo para seguir cotizando en la Seguridad Social y no perder mi NIE. Esa residencia por dos años me obligaba a cotizar 12 meses para poder conseguir la nacionalidad.


Por suerte, mi hermana y mi cuñado se habían mudado a Barcelona desde Argentina hacía unos meses y me ayudaron con muebles, limpieza, albañiles…
¡Gracias, gracias, GRACIAS eternas por eso, posta!


El dolor seguía ahí (de hecho, sigue). Los médicos me miran como si fuera un OVNI. Tuve que sacar fuerzas de donde ya casi no quedaban.


Pero como la vida te cierra puertas pero te abre ventanas… me llaman un día, de forma inesperada, para ofrecerme un trabajo en Marketing. Yo no estaba buscando, pero lo re necesitaba.
No lo dudé: con yeso en mano, maquillaje, tacos y Tramadol… me subí al tren rumbo a Girona.

La experiencia en esa empresa (capítulo aparte) fue muy poco feliz. Pero agradezco que me dio ingreso económico y tiempo para esperar que salga mi bendita nacionalidad Española.


El tramo final lo hice con Legalteam (no me pagan por esto, pero son LOS mejores abogados que una inmigrante puede tener). Y de su mano, en diciembre de 2021, me dieron mi DNI y mi pasaporte español.

Creo que todavía no caigo. No es que me siento española desde esa fecha.

Una parte de mí todavía piensa que no puede salir de España. Algo queda de pájaro encerrado en la mente.

Llegué a la meta, con un pulgar menos, tan agotada física, mental y emocionalmente que lentamente partes de mí se fueron aflojando. Se relajaron. También por eso necesité irme un tiempo de las redes sociales.


Fueron meses, años, de mucho pensar. De mucho sentir. De introspección.



             Gracias Catalunya, gracias País vasco que se bancaron que quiera ser Española justo en sus comunidades autónomas. Historia me la llevé a Marzo (sorry! Muy mala mía)


Nadie te dice qué hacer después de salir de la trinchera. El estado de alarma terminó, pero hay partes de mí que todavía están en toque de queda.

Simplemente quería completar ese final. Que, como siempre, terminó siendo un nuevo comienzo.

Otra vez, la cinematografía aplicada a la vida: Estoy esperando los créditos, pero no llegan.

Es un intervalo.

Como esos que hay en obras de teatro largas, en los que salís, te comprás algo del merch y volvés a tu asiento.


Continuará...



Ahora soy parte del Team España. Yo, Catalana.


¡Y por último! NO SE RINDAN.
Sea lo que sea que tengan pensado, soñado, obstáculos que estén atravesando... Confíen.
Si necesitan ayuda con algo me preguntan.
Con amor 
♥️
Gaby

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