septiembre 23, 2025

Bitácora onírica

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“Las casas sumergidas”

Soñé que era amiga de una modelo mallorquina,
íbamos en coches de lujo, antiguos,
jugando a las carreras hacia la playa.

De pronto me dio una bicicleta
y me llevó al barro.
Casas inundadas hasta la mitad,
ríos desbordados,
ventanas como bocas ahogadas.

Le dije: “No debe haber nadie ahí.”
Pero estaban.
Habitaciones diminutas,
como baños de bar,
llenas de mujeres llorando en silencio.
No salían.
La vergüenza era una cárcel invisible.

Les dijimos que íbamos a traer ropa, comida, abrigo.
De a poco, algunas salieron.
Nos ofrecieron tortitas negras húmedas,
el último gesto de dignidad.

Y yo lloraba.
Lloraba de bronca, de impotencia.
Pensaba que esto era Argentina,
pero estaba en España.
¿Dónde está el Estado?
¿Cómo empatiza un rey
con pueblos que ni ve,
con hijos que olvida?

Me desperté con el barro todavía en el pecho.


15 pollos y un sueño

Corría el año 2006 y yo estudiaba diseño gráfico en la FADU. Entre entregas imposibles, tubos fluorescentes parpadeando, y profes con mirada de cirujano ruso, nos mandaron un TP: reconstruir plano por plano una escena de cine. Yo elegí una que me había dejado muda:

"Auggie Wren's Christmas Story" del film Smoke (Wayne Wang & Paul Auster), esa escena final donde una mujer negra, en silencio, come pollo con las manos mientras suena Innocent When You Dream de Tom Waits.

No sabía que ese momento iba a marcar mi historia faduera para siempre.

Mi ex marido (el único hombre que se prestaba a todo lo que mi cabeza FADU paría) fue mi actor. Y mi abuela, con una peluca y la cara pintada de negro, se transformó en esa mujer anónima que come sin mirar la cámara. Hoy todo eso sería impensable, y sin duda, lo haría de otro modo. Pero en ese momento era todo entrega, intensidad, ensayo, error, correcciones y... pollos. Muchos pollos.

Compré como 15 pollos al spiedo. Cada toma requería repetir, volver a encuadrar, ajustar el foco, rehacer la acción. Se enfriaban, los cortábamos, los volvíamos a armar, los escondíamos fuera de cuadro. El living de mi piso en Nuñez fue nuestro set de rodaje. No sé si fue cine, pero sí fue un acto de amor por la imagen y por lo que uno cree cuando está estudiando.

Detrás de cada trabajo de facultad, hay personas que se prestan, que te quieren, que entienden que eso que estás haciendo, aunque parezca una locura o una idiotez, es vital. A veces un pollo al spiedo es un manifiesto. A veces, la escena de una película que viste en VHS se convierte en una obra propia, imperfecta, intensa, viva.

Y cada vez que escucho esa canción, "But you're innocent when you dream", algo en mí vuelve a ese plano.

A esa luz. A esa entrega. A ese sueño que todavía, por suerte, no se termina.


 Hacé clic para ver el video original: MI ABUELA UNA SANTA


Bonus track: Marlango, Waits y lo que sueñas

Yo soy fan de Marlango. Especialmente de esa etapa íntima, donde las canciones parecen susurradas desde un rincón con vino, piano y humo lento. Shake the Moon, Pequeño Vals, Lo que sueñas vuela—frase que llevo tatuada—todo eso me remite inevitablemente a Tom Waits. Y no es casualidad.

Leonor Watling ha nombrado a Waits como una de sus inspiraciones fundamentales. De hecho, Marlango nació con ese espíritu: jazz minimalista, tempos raros, voz quebrada. Hay algo en ese universo que conecta directo con las escenas que me marcaron: mujeres comiendo en silencio, manos sobre pollos tibios, palabras que no llegan a decirse, pero se entienden en el plano fijo.

Lo que sueñas, vuela. Y a veces aterriza justo en una entrega de la FADU muchos años antes de lo que se escribe en el cuerpo.


Sueños con velos

Despierto,
y pienso en los políticos que,
por votos, abren puertas
sin cuidar a quienes ya estamos adentro.
No escuchan el miedo de las mujeres
que caminamos de noche.
El progresismo se aplaude a sí mismo:
“apoya, incluye, defiende”,
pero olvida que algunos de los incluidos
no apoyarían jamás
a una mujer libre,
a un gay,
a una feminista.
En el fondo lo sé:
un día habrá choque,
a machetazos,
y el Estado fingirá demencia.
Mientras tanto,
yo sigo soñando catástrofes
que otros niegan despiertos.

La boda

Soñé que estaba casada.

No por amor —por estrategia.
Yo no amaba, planificaba.
Como en la vida real, a veces.
Como cuando me subí al subte en 2003
pensando que eso no podía ser todo,
pero fue todo por un tiempo.
Guarda. Puerta. Sueldo. Humo.
Un hombre que no amaba. Una casa que no era mía.
Un cuerpo con miedo y un alma en piloto automático.

Después soñé que volvía a Martelli.
A los abuelos,
a lo que no fui,
a lo que no hice a tiempo.
Y me enojaba.
Me dolía como duelen las cosas que no tienen solución.
M.D me ignoraba en el sueño
igual que en la vida.
Y yo gritaba en silencio:
¿Cómo puede ser que me doliera tanto alguien que nunca estuvo?

Desperté y estaban Rayo y Alfa.
Dos gatos que no me dejan ir.
No por posesión, sino por amor.
El amor que ata con dulzura.
Porque si no estuvieran…
ya me habría ido.

Madrid, Almería, Lisboa,
vivir viajando,
escribir desde trenes lentos
con calor y palabras.
Pero están.
Y yo también.
Y hay algo de eso que me salva.

Recuerdos prestados

Soñé con bombas y aviones bajos,
y al despertar entendí por qué:
mi mamá me escribió a las dos de la mañana
sobre Malvinas, sobre Martelli,
sobre radios encendidas en 1982,
sobre soldados en 1988.

Yo tenía tres años,
después nueve.
Era demasiado chica para entender,
pero no para grabar en el cuerpo
el ruido de un país roto.

Recordé cómo mi papá decía:
“es lejos, no pasa nada”,
y yo esperaba escuchar una bomba
como si las bombas fueran fuegos artificiales.

Recordé la varicela,
la evacuación,
el barrio tomado por camiones
que nunca supe si eran de película o de verdad.

Anoche mi sueño devolvió todo:
mi hermana niña que debía proteger,
mi padre apoyando a medias,
mi madre de fondo,
y una ciudad deshaciéndose
entre galerías desconfiadas
y terrazas con asado.

Hasta que el cielo se cubrió de piel,
y una trompa gigante
comenzó a succionar personas,
como si la Historia misma
se tragara a quienes no corren a tiempo.

Alguien dijo:
“Merecemos extinguirnos.”
Y yo desperté.

No era solo un sueño:
era una infancia marcada por guerras ajenas
que vuelven ahora,
en plena madrugada,
para decirme que lo vivido
nunca se olvida del todo.


El honorable borrachín

Soñé que al fin me daban el título de la UBA. 

Lo agarraba con cuidado, como si fuera un papel sagrado, y me iba directo al banco donde trabajaba mi viejo.

En la entrada había un cartel enorme. No hablaba de mí, sino de él:
“El honorable Lucas el Borrachín felicita a JLA por su título de bachillerato comercial.”

Literal. Con apodo y todo. Como si los diplomas fueran un club de borrachos distinguidos. Yo no podía parar de reírme, me parecía tan ridículo como posible en esta sociedad donde cualquier cosa, con un sello, se vuelve solemne.

Mi viejo, serio, me decía que era normal. Que no me ría tanto. 

Me proponía como regalo de celebración una remera repleta de agujeros, el más grande justo a la altura del pecho, para que abajo yo me tatuara FADU y se viera a través de la tela.

Un título, un borrachín honorable, una remera con ventana al tatuaje. Todo tan surrealista y tan burocrático que parecía un capítulo perdido de Severance.

Sí, así sueño yo. Sí, así es la vida a veces.


Valeria

La casa era hermosa a su manera: vieja, descuidada, pero llena de alma. Valeria me recibió con la misma frescura de siempre, esa forma de hablar tan suya que me daba ganas de quedarme escuchando sin interrumpir. Estábamos en Europa, no sé dónde, girando.

Abrió una ventana y me mostró lo que había estado haciendo: grabados, pinturas pequeñas, bocetos llenos de nombres de sus amigas de Bellas Artes. Me quedé boquiabierta.

—¡Vale, cómo mejoraste! —le dije con admiración genuina.
Porque recordaba perfectamente cuando empezó en el ‘98 sin haber tocado casi un lápiz. Y sin embargo ahora… ahora había encontrado su lenguaje.

Me contó de su madre, orgullosa. Yo también la amaba, esa mujer enorme en ternura. Me dijo que ya no sabía de cuál de sus hijas estar más orgullosa. Yo sonreí, porque entendí que hablaba también de ella misma.

Le pregunté si iba a vender esas obras. Me dijo que sí. Entonces me ofrecí a hacerle una web, branding. Y ahí, como un fantasma inoportuno, apareció de nuevo mi madre: estaba dormida en un sillón de la casa, y al despertarse dijo con naturalidad:

—Ella hace webs ahora.

Valeria asintió, como si fuera un dato útil, y me habló de logos dibujados a mano. Yo la miraba con esa fascinación que siempre me provocó.

En el sueño entendí todo de golpe: mientras yo me deslumbraba con lo artístico, mi madre siempre estaba ahí, durmiendo o meando, pero presente, opinando, recortando, corrigiendo. No importaba cuántos kilómetros pusiera entre nosotras, ella vivía en una recámara de mi subconsciente.

Me desperté atravesada, con la certeza de haber visto el mapa completo de mi vida: lo que quise, lo que me negaron, lo que aún late, lo que todavía puedo elegir.


El canto

El viaje era raro, como todos los viajes soñados: mitad excursión de colegio, mitad gira de amigos. Estaban los de siempre, los del secundario, desordenados y alegres como si la vida entera fuera un ensayo. Íbamos en coche, apretados, compartiendo mates tibios, risas, y canciones que salían de golpe, sin aviso.

Paramos en un baño de estación. El lugar tenía olor a azulejo húmedo y jabón barato. Uno de los chicos no se sentía bien, y entonces, sin pensarlo, empezamos a cantar. Al principio tímidos, después como banda profesional. La gente que entraba se quedaba paralizada, fascinada. Era como si ese baño miserable se hubiera convertido en escenario.

Sentí un abrazo. Alguien me dijo algo al oído —no recuerdo qué— pero lo entendí sin palabras: “no estás sola, dejate contener.”

Y, sin embargo, ahí estaba ella.
Mi madre, adentro de uno de los cubículos, haciendo pis. No sabía si escuchaba, no sabía si miraba, pero su presencia estaba. Como siempre: invisible y omnipotente, el contrapeso de cualquier alegría.


La Dama de las Dos Espaldas

Soñé con mi madre, pero nunca de frente. Siempre de espaldas. Y cuando por fin la giraba con todas mis fuerzas, me encontraba con otra espalda. Nunca un rostro, nunca unos ojos. Solo el castigo de no ser mirada. A veces la escucho sin voz, de mente a mente, frases afiladas que parecen mis propios pensamientos. Es la Dama de las Dos Espaldas: no importa cuánto la enfrente, siempre vuelve a darme la espalda.


La Caminata

Después de una fiesta deslumbrante, con lujo y música, terminé sola en la calle de noche. Tenía que caminar hasta quién sabe dónde, cruzando sombras, esquinas y silencios que se volvían amenazas. Ese miedo aprendido, heredado, inscrito en el cuerpo de toda mujer: caminar sola sin saber si llegaré.


En el aula

Una profesora me expulsaba por confiar en mis amigas que nunca volvieron a buscarme. 

“Hoy dormís acá”, me dijo. Y el aula se convirtió en un barco vacío, como cárcel. Entonces un extraño entraba por la ventana, me corría la ropa interior, y pedía usar mi computadora. Hasta la policía que llegó después repetía la invasión, tocándome para “probar” lo que había pasado. Todo terminó en Mendoza, con narcos que fabricaban droga con la lava de un volcán. 

Surreal y aterrador, pero tan real como el miedo de no poder hablar ni moverme.


Motomami

Soñé con un banquete en catalán, una fiesta de lujo donde todos sabían sus guiones menos yo. Entonces apareció Rosalía, divina, y me pidió casamiento con un anillo motomami

Yo pensaba: no sé si me gustan las mujeres, pero con Rosalía sí me caso. 

Me desperté feliz: incluso mi inconsciente sabe que lo que busco es alguien dulce, creativo, tierno y confiable.


Lali en la casa oscura

Soñé que me encontraba con Lali Espósito en un lugar simple. 

Charlamos de la presión del cuerpo en las mujeres. La sentía cercana, luminosa. 

No le pregunté lo que me dolía —¿por qué te metiste en política, por qué apagaste esa frescura que te hacía brillar?—. Me quedé con el cariño de verla como era antes: natural, inspiradora. 

Me desperté con nostalgia de esa referente que sentía mía y un día perdí.


La madrastra indie

Soñé que mi madre tenía la cara de Zoe Gotusso. Era mi madrastra y se hacía la víctima frente a mi padre, como si yo le pegara. Yo la miraba con furia y le gritaba: “¡Buscate un estilo! ¡No sos famosa mundialmente, no se sabe si sos vos o Ainda!”

Un insulto raro pero perfecto: decirle que no tiene identidad, que siempre es prestada.

Incluso en los sueños, hay madres que actúan mejor que en la vida real.


El recital en la calle

Soñé que Gauchito Club hacía un recital arriba de un coche, al aire libre, como caravana. 

Pensé: qué buena idea para bandas emergentes, tocar de ciudad en ciudad arriba de un camión.

El delirio del sueño tenía sentido. Como si mi inconsciente me mostrara que hasta lo caótico puede ser creativo.

Algunas locuras parecen imposibles… hasta que alguien las convierte en show.


La que se quedó y la que se fue

Soñé que era 2044
y estaba casada con Milei.
Pero no por amor.
Por política,
como quien sostiene un puente
que no quiere cruzar.

Soñé que volvía a Martelli
con los abuelos muertos
y los vivos ausentes.
Me enojaba. Me dolía.
Los quería abrazar
pero el tiempo era de plomo.

Soñé que estaba en India,
violada por las noticias,
secuestrada por las decisiones no tomadas,
y al despertar
mi cuerpo pedía volver
a lo que ya no existe.

Soñé que tenía gatos
que no me dejaban huir,
y al mismo tiempo
eran ellos los que me sostenían.

Soñé que las amigas no entienden,
que Barcelona no enamora,
que España es de cartón
y yo soy de carne viva
que no encaja en la maqueta.

Soñé que tenía un piso
pero quería alas.
Que quería dejarle un espacio
a un niño que aún juega
sin saber el peso de un techo.

Soñé que mi padre era un cofre
y yo, una llave huérfana.
Que mi madre era una línea recta
y yo, un garabato con preguntas.

Soñé que no quería morirme
sin haber dejado rastro.


Buenos Aires

A veces pienso que debería volver a Buenos Aires.
No por nostalgia,
sino por cansancio.
Cansancio de fingir que esto me gusta.
Que los médicos, las coloristas, los hombres, los silencios catalanes no me duelen.
Fingir que vivir es suficiente.
Que el acento de la gente no me saca las ganas.


Machu Picchu

Con él soñé mucho.
Me entrenó para Machu Picchu.
Me hizo dejar de fumar.
Me abrió las persianas.
Y después me dejó con las puertas abiertas al dolor.
Pero igual…
algo de eso me hizo renacer.


Los perritos perdidos

Anoche soñé que tenía un montón de perritos bebés. Eran chiquitos, suaves, vulnerables.

Se los dejé a mi mamá para que los cuidara y, como siempre, no los cuidó.

Los veía perderse, dividirse en caminos distintos, desaparecer.

Yo corría detrás, desesperada, como si cada cachorro fuera un pedazo mío que se escapaba para siempre.

Mi mamá estaba con un chico tipo Duki, riéndose de todo.

Yo, al borde del colapso, le gritaba:

—¡Me vas a indemnizar esto! ¡Quiero siete mil euros!

Ella seguía riéndose, sin darse vuelta, sin escucharme.

Esa risa suya —seca, distante— era peor que cualquier golpe.

Y yo estaba tan furiosa que terminé pegándole una bofetada a otra persona que estaba ahí, como si todavía hubiera una parte mía que la defiende incluso cuando me destruye.

Me desperté con esa mezcla rara: rabia, amor, pérdida.

Como si mis partes más frágiles aún estuvieran buscando quién las cuide.

Hay sueños que te muestran el precio exacto de lo que nunca recibiste.



junio 19, 2025

Nacionalidad concedida - El camino de Santiago es corto al lado de este trámite.

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 Estamos en 2025 ¿KHHEEE?


Decidí mantener este blog porque me parece una reliquia, entre tanta IA, automatización y tecnología. ¡Ojo! Yo me dedico a eso y soy súper fan del progreso, pero quiero seguir con mi humilde template HTML hecho en plena pandemia, en el verano del 2020.


¡Todo tan vertiginoso! ¿Sienten lo mismo? Literal, tengo cinco años más y un sobrino catalán. ¡Chan!

Tuve que volver a leerme a mí misma (con cierta vergüenza ajena), escuchar mi podcast, y pensé:
"Wooowww, me había ido muy arriba..."
Me faltaba el stream y ya estaba para competir con Luzu y Olga.

Estuve pensando si lo hacía por ego, por querer realmente compartir… y llegué a la conclusión de que era pura catarsis. Comunicar mi procesión migratoria fue mi cable a tierra.

Lo cierto es que, a mi regreso de Buenos Aires —después de dos años de haberme ido, sin pensar jamás que me quedaría a vivir en Europa— se sintió, por lo menos, lindo… pero extraño.



 Buenos Aires - Te amo -

Lo más llamativo era escuchar el tono, el acento argentino. Ahí noté que 24/7, los 365 días, hay un botón encendido en España que me recuerda: “Vos no sos de acá.”


Y fue liberador no tener que sostener el personaje de “la Argentina”. (Acá uno completa con lo que proyecta con la argentinidad… en mi caso, era la falta de humildad.) Me dijeron tantas veces el dicho "El negocio es comprar un argentino al precio que vale y venderlo al precio que dice que cuesta", que me entró la bala por ahí.

También el de que somos discriminatorios. Asumo que tenemos que laburar muchas cosas. Pero nadie me quita el orgullo de ser argentina. Cada día más.

Ni hablar después de ganar el Mundial —que lo vi entero, ¡todos los partidos!— sola en mi casa en Prosperitat, comentándolos con mis amigos por WhatsApp. Lloré con la victoria, con Lali cantando el himno. Me sentí parte.
Y eso es justamente lo que siento que no logro construir del otro lado del charco.

Estoy súper agradecida. Finalmente, logré, después de décadas de lucha, formar parte de mi linaje español. Era algo importante para mí.


¿Cómo podía ser que yo era la única NO ESPAÑOLA en la familia materna?


Había algo ahí que me constelaba mal. Tal vez quien no lo vivió no lo llega a comprender, pero había algo del formar parte de mi familia al 100% que yo necesitaba.
Será mi niña interna dolida, no tengo ni idea, pero me lo pedía el cuerpo.

Y hablando de cuerpo: el cuerpo habla y también pone límites

A la vuelta de Buenos Aires, además de esperar que me concedan la nacionalidad, tenía otra meta: vivir sola en Barcelona, como hacía en Buenos Aires. Aún recuerdo cuando me saqué esta foto, no sabía la que me esperaba, mi último día sin dolor.

24 horas antes al día D - Pulgar en alto.


Después de mucho batallar para encontrar un piso, elegir un barrio nuevo un poco a ciegas, Prosperitat (siempre había alquilado habitación y en zonas céntricas), súper agobiada por ver si me daba el presupuesto para alguna reforma, amoblarlo... volví a confirmar que si no paras por las buenas, paras por las malas.


El primer día —¡sí, el PRIMER DÍA!— en un arrebato de ansiedad, quise pintar una ventana de blanco. La lata, que ya estaba abierta, estaba un poco dura.
No tuve mejor idea (me acuerdo hasta hoy, 19 de junio de 2025, de ese abril de 2021) que hacer palanca con un cuchillo. Y salió mal. Muy mal.

Sin darme cuenta me corté el pulgar, la base de la mano. Pero muy profundo. Era una escena de la que Gore Verbinski estaría orgulloso de ver.



El arma homicida, el cuchillo de Ikea que corta cuando no querés.

Era Pascuas, había pocas ambulancias, y me había mudado a un semi-sótano con mala señal. Atiné a agarrar una toalla, romperla y hacerme un torniquete (¡gracias películas por esas escenas educativas!). Salí a la calle, dejé la puerta de casa abierta, llamé a un conocido y le dije: "¡Che, andá a casa porque dejo todo abierto! Me voy al hospital YA!"

Una locura total.


La ambulancia no encontraba la dirección, yo sentía que me iba a desmayar. De pronto veo una en la esquina y dije internamente: “¡Andá vos!” Junté fuerzas, el pulgar ya estaba violeta y no lo sentía. Me subieron a la ambulancia y me llevaron al hospital.


Ahí empieza el desastre médico. Me cosieron como quien se hace un corte sutil. Era plena pandemia, pero algo me decía que no coincidía el dolor, lo que veía, con lo que hicieron. Pero insistieron:

“No es nada. Andá a tu casa. Paracetamol.”

Me enyesaron. Ya la primera noche fue un martirio. No había forma de apoyar el brazo. Dolor punzante, quemazón, ardor, ¡todo junto! Fui a la guardia tres veces en un día. Hasta que un alma samaritana me recetó Tramadol. (Spoiler: tampoco funcionó demasiado.) 
También fue un calvario conseguir que me den la vacuna antitetánica, tuve que pagarla privada porque no había forma.



Así que tenía el piso vacío, sin gas para bañarme, un yeso… y tenía que buscar trabajo para seguir cotizando en la Seguridad Social y no perder mi NIE. Esa residencia por dos años me obligaba a cotizar 12 meses para poder conseguir la nacionalidad.


Por suerte, mi hermana y mi cuñado se habían mudado a Barcelona desde Argentina hacía unos meses y me ayudaron con muebles, limpieza, albañiles…
¡Gracias, gracias, GRACIAS eternas por eso, posta!


El dolor seguía ahí (de hecho, sigue). Los médicos me miran como si fuera un OVNI. Tuve que sacar fuerzas de donde ya casi no quedaban.


Pero como la vida te cierra puertas pero te abre ventanas… me llaman un día, de forma inesperada, para ofrecerme un trabajo en Marketing. Yo no estaba buscando, pero lo re necesitaba.
No lo dudé: con yeso en mano, maquillaje, tacos y Tramadol… me subí al tren rumbo a Girona.

La experiencia en esa empresa (capítulo aparte) fue muy poco feliz. Pero agradezco que me dio ingreso económico y tiempo para esperar que salga mi bendita nacionalidad Española.


El tramo final lo hice con Legalteam (no me pagan por esto, pero son LOS mejores abogados que una inmigrante puede tener). Y de su mano, en diciembre de 2021, me dieron mi DNI y mi pasaporte español.

Creo que todavía no caigo. No es que me siento española desde esa fecha.

Una parte de mí todavía piensa que no puede salir de España. Algo queda de pájaro encerrado en la mente.

Llegué a la meta, con un pulgar menos, tan agotada física, mental y emocionalmente que lentamente partes de mí se fueron aflojando. Se relajaron. También por eso necesité irme un tiempo de las redes sociales.


Fueron meses, años, de mucho pensar. De mucho sentir. De introspección.



             Gracias Catalunya, gracias País vasco que se bancaron que quiera ser Española justo en sus comunidades autónomas. Historia me la llevé a Marzo (sorry! Muy mala mía)


Nadie te dice qué hacer después de salir de la trinchera. El estado de alarma terminó, pero hay partes de mí que todavía están en toque de queda.

Simplemente quería completar ese final. Que, como siempre, terminó siendo un nuevo comienzo.

Otra vez, la cinematografía aplicada a la vida: Estoy esperando los créditos, pero no llegan.

Es un intervalo.

Como esos que hay en obras de teatro largas, en los que salís, te comprás algo del merch y volvés a tu asiento.


Continuará...



Ahora soy parte del Team España. Yo, Catalana.


¡Y por último! NO SE RINDAN.
Sea lo que sea que tengan pensado, soñado, obstáculos que estén atravesando... Confíen.
Si necesitan ayuda con algo me preguntan.
Con amor 
♥️
Gaby
marzo 17, 2021

Buenos Aires, COVID-19 en un 2021 emigrante.

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Por primera vez todos los diarios tienen una única portada.   

Terminé mi 2019 bastante agotada de tanto trámite de extranjería para solicitar la bendita nacionalidad Española, estaba ya con muchas ganas de cambiar de trabajo, es más! renuncié y me arrepentí días antes de la pandemia (menos mal). A ese trabajo le agradezco mucho aunque no es a lo que me estaba dedicando profesionalmente los últimos años y necesitaba un cambio para no estancarme.

Quería mudarme para tener más privacidad, viajar un poco por Europa (juaaaa! que linda). Teniendo todo tan cerca me apenaba no haber ido a ningún lado y quería aprovechar unos meses de viajera, pero, pero, pero... el destino se plantó de cara y me volvió a demostrar que NO controlo NADA.

Lo más lejos que viajé fué en tren a Tarragona (Catalunya)

MARZO DEL 2020. EL MES EN QUE TODO DESAPARECIÓ EN UN PIM, PAM, PUM!

Nos despidieron a casi 1000 personas en un solo día, de una empresa multinacional, me tenía que mudar de casa porque la pareja con la que vivía estaba esperando un bebé y no podía volver a Argentina porque las fronteras estaban cerradas a cal y canto hasta vaya uno a saber cuando. Por ende me empecé a inquietar un poquito, pero siempre positiva (ponéle).


El 2020 fué uno de los años mas extraños e inciertos que viví, creo que para la mayoría, pero en mí caso fué todo demasiado junto y honestamente sentí que me estaba derrumbando.

                             
                               Barcelona versión Walking Dead


Tenía al menos el subsidio por desempleo, que me costó un Perú sacarlo online y luego de agotar este paro, que cobré 4 meses, decidí volver a Buenos Aires. Quería recargar energías ver a mi familia, despedir a mi hermana que se mudó también a Barcelona y cerrar algunas cuestiones burocráticas.
Así que con fronteras cerradas y todo saqué un pasaje para Noviembre a la Argentina.

El objetivo era volver a España en unos meses, escapar un poco del invierno y darle con todo a lo que me quedaba pendiente: nacionalidad, trabajo y vivienda. Ese sigue siendo el plan a la fecha.

La pandemia y la moda.

Hoy a Buenos Aires, mi ciudad natal, la veo con ojos de turista. Es muy raro haber estado tantos años fuera y volver, parece mentira pero en 3 años las cosas cambian mucho mas de lo que pensamos.


Se siente lindo estar en casa, pero ya no es igual, yo no soy igual. No me enrosco con sus problemas políticos, económicos, sociales, de inseguridad, disfruto lo lindo como una nena en Disney. Al menos al principio porque Buenos Aires tiene la capacidad de drenarte con rapidez, no por nada le decimos "la ciudad de la furia".  Venga amigo! y pruebe usted mismo.


San Telmo, en Pandemia. NADIE.


Me encanta la cercanía de la gente, que te vengan a encarar en una mesa sentada sola, algo que habitualmente tacho de acoso, ahora me causa cierta gracia por más que se que no corresponde, pero me volví mas tolerante y amorosa con este "caos porteño" ya que es muy diferente a lo que vivo en Barcelona y sobre todo porque se que tiene fecha de caducidad.


Con esta ciudad que no duerme, con la cultura y el arte emergente que sale de las paredes, me parece una pena no poder quedarse y prosperar. Más viajo, más confirmo que Buenos Aires es una de las ciudades más increíbles del mundo, pero Argentina es a mi criterio invivible.

Ay! que linda la familia. En breve me traigo a los viejos.

Ayer soñé con mi barrio de la infancia, donde viví hasta los 18 años. Villa Martelli, un barrio de vecinos trabajadores, donde nos conocemos todos, donde mis abuelos decidieron pasar hasta el último segundo de sus vidas. Soñé con lujo de detalles sus calles, su parada de colectivo (bus), mis amigas de ese entonces, comercios... Y siento que aunque cambiemos, crezcamos, nos mudemos, esos años viven con nosotros y son los que marcan nuestra raíz, realmente nos forman una base. 

Todavía recuerdo el colegio secundario, lo que sentía y pensaba. Me di cuenta que la niñez y la adolescencia, son el cimiento de la mujer que soy ahora. 


Tuve la suerte de viajar, de conocer hoteles hermosos, vivir experiencias extraordinarias pero la felicidad simple y auténtica que sentía al abrir los ojos, cruzar la calle y tocarle timbre a mi abuela o a mi mejor amiga que vivía justo enfrente no se compara con nada, es esa felicidad liviana pero duradera que solo te da lo simple y necesitaba ir a nutrirme un poco de esos recuerdos, aunque parezca una canción de Camilo y Evaluna. 


¿Me estaré poniendo vieja nostálgica? naahhh que va! La vejez es un estado de la mente.

Mirá que piba acá en el barrio chino.

La inmensa alegría de volver a la tierra de uno y en el otro extremo la tristeza de ver que tus abuelos ya no están, que toda esa etapa terminó. Un poco lo que nos pasó a los Argentinos con la muerte de Maradona, tuvimos un duelo colectivo no de un jugador de fútbol solamente sino de un momento, de una etapa feliz entre tanta adversidad, algo que ya pasó y algo que no volveremos a vivir.


Por eso sí aún tenés a tus abuelos, a tus viejos, a tus amigos de siempre... abrazalos y sabé que ahí tenés la mayor de tus inversiones y tesoros. Cuando emigras, cuando te alejas, aprendes a darle valor a esas pequeñas cosas que antes, capaz, naturalizabas. Lo bueno de alejarse un poco es que uno gana en perspectiva.


Esta pandemia nos cambió, para bien y para mal. No seremos los mismos, aún busco encontrarle lo positivo y construir desde ese lado.


No dejo de lamentar las pérdidas humanas, es duro encontrar algo bueno cuando mucha gente perdió tanto. Tal vez, por ahora, más que yo. A todos ellos, mi mayor respeto y buenas energías.


Esto también pasará y volveremos a preocuparnos por esas tonterías que hoy nos parecen ridículas nos agobiaran tanto o tal vez no y aprendamos a agradecer más lo que sí tenemos.


Con amor

Gaby 



julio 13, 2020

Tramitar el PARO ONLINE COVID 19

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¿Como tramitar la prestación por desempleo 2020 por internet en SEPE (INEM)?


Quería hacer esta publicación porque me costó muchísimo tramitar mi prestación por desempleo en plena pandemia. Debido al covid-19 el SEPE no da citas, no atiende por teléfono y está todo colapsado.

Salía un cartel de error en la clave firma al querer terminar el proceso:

[CLA]]Documento][NUBE][DESCONOCIDO][PKCS7][SFC_OPSTR00023]

Su operación no se ha podido completar. El usuario no tiene los permisos necesarios para realizar una operación de firma.


Era imposible completar el paso 13, que sería el último y firmar para tramitar la prestación por desempleo.

El error sale porque pensaba solo necesitaba tener la clave permanente y hay que pedir también te acrediten la identidad con el certificado digital en la agencia tributaria. Además de configurar el navegador y el ordenador. 

Como conseguir cita o llamar es imposible! Me puse a hacerlo yo sola y lo saqué.


PASO 1

ALTA COMO DEMANDANTE DE EMPLEO

Primero que nada tenés que darte de alta como demandante de empleo, eso depende de cada comunidad autónoma.

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Si ya hiciste todo esto y tenés CLAVE PERMANENTE para ingresar al SEPE + CERTIFICADO DIGITAL para firmar, más abajo dejo un vídeo "Como pedir el paro por internet" que explica los pasos a seguir de principio a fin.
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En Barcelona se encarga el SOC (Servei public d´ocupació de Catalunya) y podés llamar de forma gratuita al 900 800 046 

Web https://serveiocupacio.gencat.cat/

Esto es importante porque la base de datos del SOC se comparte con el SEPE y puede darte un error en el último paso también.

Es fundamental este paso porque tus datos tienen que estar correctos, de otra forma puede no permite terminar el proceso y luego de que firmes te puede salir el siguiente cartel:

"No es posible atender su petición por internet debido a que sus datos personales no están registrados correctamente en nuestra base de datos. Acuda a la oficina para modificarlos"

                        

Si es así modificalo online o ponete en contacto con la oficina de empleo de tu comunidad autónoma.

En Catalunya de acuerdo a tu código postal te toca un OTG diferente (Oficina de Treball Gencat), donde te pueden ayudar presencialmente con la solicitud de demanda de empleo. Muchos pudieron hacerlo solamente completando el formulario online, lo mejor es llamar y consultar con el SOC para poder tramitar el paro sin problemas.

Link de demanda de empleo online en Barcelona


Link OTG para que busques la tuya en base a tú código postal y pidas cita 


Pedí cita en la oficina de trabajo de la Generalidad (OTG) de LessepsRonda del General Mitre 263, ya que me salía el error de mis datos personales. Es la sucursal que me corresponde por mi código postal (donde estoy empadronada) Pedí cita por mail: otg_lesseps.soc@gencat.cat 

Me di de alta personalmente como demandante de empleo en el OTG, me dieron una hoja con un pin y me explicaron se renueva cada tres meses online.



¿DONDE Y COMO TRAMITO LA PRESTACIÓN POR DESEMPLEO ONLINE?


Si te diste de alta como demandante de empleo (llamaste al SOC para confirmar que figuras) tenés tu clave permanente y el certificado digital podés sacarlo online.

El sitio web para pedir el paro por internet es el siguiente 
https://sede.sepe.gob.es/portalSede/flows/procedimientos

"Como pedir el paro por internet"


Te recomiendo leas este manual si es la primera vez que firmas online



SI NO TENÉS LA CLAVE PERMANENTE NI EL CETIFICADO DIGITAL COMUNICATE CON HACIENDA O SEGURIDAD SOCIAL.

AGENCIA TRIBUTARIA

En mi caso lo hice en Barcelona, Cataluña en la calle Letamendi 13, con cita previa.

https://www.agenciatributaria.gob.es/


  1. Por teléfono, llamando a los números 901 200 351 o 91 290 13 40 en horario de lunes a viernes de 9 a 19 horas.
  2. Por Internet, en el siguiente enlace: Cita previa
  3. A través de la app de la Agencia Tributaria

PASO 2

2.a) SOLICITAR CLAVE PERMANENTE

Una vez que te den la clave permanente en la agencia tributaria ingresas aquí y con el código que te dan creas tu propia contraseña https://clave-dninbrt.seg-social.gob.es/

También están actualmente atendiendo por video llamada ZOOM
https://www.agenciatributaria.es/AEAT.internet/videollamadaClave.shtml

Podés solicitar también que te la envíen a tu domicilio fiscal ( a mí no me llegó)
https://www.agenciatributaria.gob.es/AEAT.sede/procedimientoini/GC27.shtml


Te debería llegar algo así 


Luego ingresas y colocas ese número, te va a pedir que cambies la clave (GUARDALA!)


Cumplimentas el Código Seguro de Verificación (CSV) de 16 caracteres que figura en la carta y pulse "Continuar".



A continuación, una vez validados los datos de identificación, hay que aportar el teléfono móvil y correo electrónico:


Confirmación




Una vez completado el registro en Cl@ve en cualquiera de las modalidades descritas anteriormente, el ciudadano recibirá, en el número de teléfono que acaba de registrar, un SMS de bienvenida al sistema. A partir de la recepción de dicho SMS, el ciudadano registrado puede ya utilizar el sistema Cl@ve PIN y acceder a los sistemas de activación de contraseña del sistema Cl@ve permanente.




2.b) SOLICITAR CERTIFICADO DIGITAL

Tenés que ir a la agencia tributaria con el CÓDIGO DE SOLICITUD del Certificado FNMT de Persona Física que te va a llegar por mail, hacé esto antes de ir porque vas a tener que mostrarle este número a quien te atienda y te van a dar un papel que es válido como constancia solamente ya que lo activan ellos internamente


Se solicita en la web de Fabrica nacional de moneda y timbre http://www.fnmt.es/

Una vez sigas los pasos en la web (sección CERES) te va a llegar un mail con un número, esto tenés que llevar a hacienda, agencia tributaria, seguridad social o donde sea te activen tu certificado digital para firmar.




Te dejo un video para que veas los pasos de como hacer para que te envíen el código y descargar el certificado en tu ordenador e instalarlo en tu navegador:








PASO 3

INSTALAR CERTIFICADOS EN TU NAVEGADOR

Luego de que acrediten tu identidad hay que volver a ingresar la web de FNMT y terminar de completar los pasos para descargar los certificados e instalarlos en el navegador donde se va a hacer el trámite. Esto es lo que te va a permitir firmar digitalmente, validan tu firma.

Se necesita instalar dos certificados (en el video arriba lo explica bien):

1) El certificado Raíz de la FNMT 
https://www.sede.fnmt.gob.es/descargas/certificados-raiz-de-la-fnmt 

Buscar el apartado AC Raiz FNMT-RCM y descargarlo para luego instalarlo en tu navegador.

2) El certificado persona física

También tenés que instalarlo en el navegador. Abajo en configuración para navegadores te dejo los link de los pdf de cada browser para que los instales donde corresponde


"TOMATE UN TÉ DE TILO Y SEGUÍ LOS PASOS UNO POR UNO."


Para solicitar la prestación por desempleo online vas a necesitar elegir un navegador (yo lo hice con Microsoft Edge) y configurarlo como ellos solicitan.

Te dejo el link de como configurarlo con Google Chrome, Microsoft Edge, Firefox e Internet Explorer ( si! es medio complicado pero es la única forma)

PASO 4

CONFIGURACIÓN DE FIRMA SEPE PARA NAVEGADORES

Google Chrome 

Microsoft Edge

Firefox / Internet Explorer 

VERSIÓN DE JAVA (IMPORTANTE!)

Recordá que tenés que tener instalado Java 8 - Versión 251 como máximo (no superior), sí tenés una versión vieja primero borrala desde PANEL DE CONTROL en agregar o quitar programas y descargarte la nueva versión. 
Reinicia el ordenador y luego de desinstalar la versión vieja de Java que tenías instala la nueva.

Podés descargarlo aquí

VENTANAS EMERGENTES Y URLS PERMITIDAS

Tendrás que permitir las ventanas emergentes, hacer varios ajustes, seguí los pasos del pdf que te dejé arriba de acuerdo al navegador donde vayas a solicitar la prestación ya que varía un poco.

Asegurate no tener un bloqueador de anuncios UBlock o AdBlock.

PASO 5

AUTOFIRMA

Bajá también la autofirma ( versión 64 bits)

La podés bajar acá 



PACIENCIA! OMMMM Queda menos...

Reiniciá la computadora por las dudas antes de hacer todo.

PASO 6

SOLICITUD DE DESEMPLEO 2020 ONLINE - COVID 19
Solicitud contributiva ( Es la primera opción) 



Link directo
https://sede.sepe.gob.es/portalSedeEstaticos/flows/gestorContenidos?page=sv01


Ingresá por la opción "acceso por clave" Usuario y contraseña cl@ve
Clic en el del costado izquierdo! El derecho no funciona


Te dejo de nuevo el video (es el mismo que está arriba)


Sí! es bastante complicado pero se puede. 
Yo lo hice así sin gestores ni nada!

Suerte y ánimos :) 

Saludos
Gaby 🧡

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Información Extra que te puede servir:

USO DE LA FIRMA ELECTRÓNICA
Yo me orienté siguiendo los pasos que tienen que ir saliendo para firmar correctamente aquí:



Algunas capturas de pantalla...






Te tiene que llegar un SMS antes de firmar para validar el último paso 
"Plataforma de firma centralizada" 
Solicitud de certificado certicado




¿Cuanto voy a cobrar de paro?

Aquí podés calcular un estimativo de cuanto cobrarías:

https://sede.sepe.gob.es/dgsimulador/introSimulador.do

¿Qué plazo tiene el SEPE para contestar a mi solicitud de paro?


Una vez que usted ha presentado la solicitud de prestación por desempleo y siempre que no le falte documentación, el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) deberá resolver su solicitud en el plazo de los 15 días siguientes a la fecha en que la entregó y enviarle la notificación en el plazo de 10 días a partir de la fecha en que haya dictado dicha resolución.
Si pasados tres meses desde que presentó la solicitud de la prestación, no ha recibido respuesta a dicha solicitud, esta se considerará desestimada por silencio administrativo, por lo que usted ya podría interponer reclamación previa a la vía judicial.
Se puede seguir el trámite desde la web del SEPE

https://sede.sepe.gob.es/ConsultaPrestacionesAAWWeb/AccesoConsultaAction.do




Contacto

gavila.arte@gmail.com
Barcelona